Primeras impresiones de Japón

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Tokio

Techo del avión

Techo del avión

Llegamos a Japón a las 11 de la noche después de un viaje de 24 horas desde Suiza y una escala en Dubai. Volamos con Emirates Airlines en aviones cómodos y con vuelos sin imprevistos excepto la decoración nocturna de sus interiores. Entre los dos trayectos puedo contaros que me tragué cuatro películas.

Retrete japonés

Retrete japonés

Mi primera impresión de Japón me la llevé nada más aterrizar y entrar en el cuarto de baño. Nunca había visto nada parecido. En este país poco menos que hay que hacer una ingeniería para poder utilizar sus retretes. ¡Cuántos botones! Os los explico porque a mí, por lo menos, me hicieron gracia. En Occidente tenemos el bidet, aquí lo integran todo en uno. Hay aseos que ni siquiera ofrecen papel higiénico. Los chorritos de agua que expulsan las tazas, a diferentes temperaturas y con distintas presiones, sirven de mecanismo limpiador.

Detalle

Detalle

¡Ah, y los asientos de las tazas también están calientes! (En uno de los baños en los que entré había un botón, os lo prometo, que era para simular el ruido de tirar de la cadena.)

Tokio

Tokio

El hotel

El hotel

Tokio es sin duda una ciudad de hormigón. Apenas hay árboles y allá donde alcanza la mirada hay un edificio u otro. Los rascacielos compiten entre sí por ocupar el espacio urbano. Aquí podéis ver la imagen desde nuestra ventana del hotel en el piso 26. Sí, eso es una montaña rusa junto a una noria. Hay un pequeño parque de atracciones y un centro de ocio completo junto al hotel.

Desayuno

Desayuno

Bajamos a desayunar. Podemos elegir entre desayuno bufé europeo o japonés. Optamos por el primero para dejar el segundo para mañana. No es demasiado espectacular. El café, amargo y poco sabroso, me deja con ganas de elegir otro sitio para mañana. Además de la bollería tradicional europea encontramos panecillos de yogur y otros verdes como el de la foto. Supongo que estarán hechos de algas. El menú incluye arroces, sopas, fideos y pasta…

Templo de Senso-ji

Templo de Senso-ji

Vamos a estar un día en Tokio porque mañana salimos hacia Kioto, donde nos encontraremos con nuestros amigos japoneses. Así que queremos aprovechar hasta el último minuto. Bajamos al metro y nos vamos hasta la zona del templo más antiguo de la ciudad: Senso-ji. A su entrada se alza esta magnífica puerta en forma de arco, custodiada por el Dios del Viento y el Dios del Sol. El templo data de aproximadamente el año 600 y, como la mayoría de las construcciones históricas de este país, es de madera. El recinto está repleto de fieles. Apenas vemos ningún otro extranjero. Pero es que no vemos extranjeros durante todo el día en Tokio. Apenas hay turistas occidentales. Nos llama bastante la atención. Esperábamos encontrarnos con una gran afluencia pero somos casi inexistentes.

Esperando

Esperando

A las puertas del templo hay una fila de Rickshaws (carros tirados por personas) a la espera de clientes. No nos montamos; a mi marido no le apetece porque hace demasiado calor. La verdad es que la mezcla de las elevadas temperaturas y del altísimo índice de humedad hacen que el día resulte pesado y agotador.

La linterna

La linterna

En el centro de la puerta de acceso al templo cuelga una gigantesca linterna tradicional. Cuando miro por debajo veo que su fondo está esculpido en intrincados motivos. Supongo que todo será un reflejo de los rezos y oraciones. Todos los detalles están cuidados y trabajados. ¡Y pensar que este templo es tan antiguo!
Al cruzar la puerta nos encontramos con una pequeña calle flanqueada ambos lados por puestos históricos donde comprar prácticamente de todo. Algunas de estas tiendas son muy antiguas y ofrecen verdaderas exquisiteces y maravillosas tallas y productos tradicionales. Las hay de kimonos, de máscaras, de utensilios para comer (palillos delicados y decorados de mil maneras, cuencos, teteras…), de abanicos, de figuras de todo tipo…

La pagoda

La pagoda

A la izquierda de la callejuela se alza una imponente pagoda de tejados imposibles. El blanco y rojo de las edificaciones resalta bajo los verdes tejados y sus picudas terminaciones.
Los japoneses rezan y llevan a cabo rituales ante diferentes objetos: en este de la fotografía agitan una especie de caja de resonancia que suena como un sonajero gigante y después abren uno de los cajones para extraer un papel. Supongo que se tratará de algún tipo de oración porque lo leen con mucho detenimiento.

La fuente

La fuente

Otra de las paradas es en esta fuente, donde la gente recoge agua con los pequeños cuencos y se lava las manos.
En esta especie de incensario gigante la gente quema unos papelitos y después se “baña” en el humo que sale flotando por el aire.
No pueden faltar los mensajes escritos, las peticiones, que aquí los fieles atan en estas especies de parrillas. Supongo que los monjes las recogerán después o tal vez deban destruirlas las inclemencias meteorológicas.

El centro de oración

El centro de oración

El interior del tempo acoge este baldaquín profusamente decorado con oro y otros materiales. Los japoneses se acercan y juntan las manos bajando la cabeza en señal de respeto. También arrojan monedas a una especie de caja recolectora gigantesca. Yo hago lo mismo pero una de mis monedas sale despedida y cae al suelo. Glub.

Los Buddhas

Los Buddhas

En el pequeño parque que rodea el templo nos encontramos con dos antiguas figuras de Buddha. Una representa la gracia o la merced y la otra la sabiduría. Frente a ellas hay una figura que celebra la maternidad.
Junto a las figuras hay una parte de la planicie cubierta con trepadoras y es allí donde se refugian los nipones fara ocultarse del sol contra el que utilizan todos los medios que están a su alcance: sombrillas, paraguas, gorros, guantes hasta los hombros… Le tienen auténtica aversión. Por casi todos es conocido el deseo de las mujeres japonesas de preservar una piel lo más blanca posible; razón por la cual intentan no exponerse a los rayos solares jamás.

HIelo

HIelo

Nosotros también nos refugiamos en el emparrado y disfrutamos de una copa de hielo picado (más bien pulverizado) con sirope de sabores. ¡Qué cosa más rica! El hielo no es duro ni está cristalizado en fragmentos, como ocurre con los granizados que conocemos allí, sino que es una especie de espuma helada suave y que se deshace en la boca casi de inmediato.

Kimonos

Kimonos

Son varias las japonesas (y algún japonés) que vemos por la calle vestidas con el tradicional kimono. Es más habitual de lo que yo esperaba. Sé que los utilizan para celebraciones particulares, como el día de la graduación, pero no esperaba verlos por la calle en días normales. Seguro que tiene algún significado; se lo tendré que preguntar a mi amiga Junco cuando la vea.

Típicas jóvenes japonesas

Típicas jóvenes japonesas

Paseamos por las calles cercanas disfrutando del ajetreo, del ir y venir de miles de personas, muchas de ellas con un estilo propio que no se ve por Occidente. Nos cruzamos con japonesas jóvenes a lo “Lolita” y con las típicas niñas uniformadas como si salieran de unos dibujos animados de manga.

Hand made

Hechos a mano

Vemos varios artesanos vendiendo sus productos: figuritas de cuero del tamaño de un llavero y nombres con motivos japoneses recortados en metal con una pequeña sierra de mano.
Bajamos al metro para dirigirnos a otra zona. Las mediadas de seguridad de los trenes nos llaman la atención. También nos gusta lo limpio que está todo. Los vagones son cómodos y la organización del sistema es fácil de comprender. Nos sorprende oír que todos los mensajes que transmiten los altavoces se emiten primero en japonés y después en inglés. ¡Pero si no hay casi occidentales!

Takeshita

Takeshita

Pronto llegamos a Takeshita-Dori, una calle emblemática por su estilo manga y por lo variopintas que van sobre todo ellas (aunque debo decir que también hay algunos jóvenes que os juro que parecen haber salido de una película, con sus pelos rosas o naranjas y sus ropas casi medievales.)
En las tiendas de esta calle encontramos ropa y calzado que nadie soñaría con ponerse en Suiza, España o Polonia, por mencionar algunos.

Disfraces

Disfraces

También entramos en una tienda donde venden los disfraces más completos y elaborados que yo haya visto jamás. Se nota que la calidad es superior y no como los que podemos comprar en casa, que son casi de “usar y tirar.” Me encanta.
Paseamos durante casi todo el día por las calles de esta zona del centro de Tokio. Llegamos al famoso cruce de la calle Shiobita, donde de pronto se abren los semáforos para los peatones desde cada una de las esquinas del cruce y miles de personas se lanzan a cruzar desde todas las esquinas en un caótico orden que solo ellos entienden. En unos minutos, los semáforos se ponen rojos y la carretera queda rápidamente ocupada por los coches mientras los peatones empiezan a acumularse en las aceras a la espera de volver a tener permiso para lanzarse a cruzar. Este cruce es un icono de la cultura japonesa y aparece reflejado en distintas películas y documentales.

El caos no caótico de Japón

El caos no caótico de Japón

 

El pago

El pago

¡Qué rico!

¡Qué rico!

Entramos a comer en un diminuto puesto japonés. Primero nos hacen pagar la comida introduciendo el dinero en esta máquina y eligiendo el menú que queremos. Casi todos los platos son de fideos o arroz. Es un sistema rápido y práctico. Como veis, el “restaurante” no es el más elegante del mundo y el que nos sirve cocina la carne de los fideos de mi marido con un soplete (os lo juro,) pero la comida tiene un sabor increíble.
Seguimos paseando y viendo tiendas, disfrutando de un mundo tan diferente al que estamos acostumbrados.
Nos llama la atención lo arregladísimas que van las japonesas. Cada una a su estilo, pero todas ellas muy femeninas, se decoran de la cabeza a los pies y hasta en el más mínimo detalle. Está claro que invierten mucho en vestirse y cuidarse. Y en varias ocasiones hemos observado que se muestran siempre bastante sumisas ante los hombres.

Surtidores

Surtidores

Aquí veis otra cosa que me ha llamado la atención: los surtidores de esta gasolinera cuelgan del techo…

Ajo frito

Ajo frito

Ya casi agotados por el calor y las caminatas, decidimos ir a cenar a algún restaurante cercano al hotel. Obviamente, elegimos uno japonés. Y salimos muy satisfechos. Como ya va siendo habitual, somos los únicos occidentales y el trato y el servicio son exquisitos. La cena es sabrosa. Me llama mucho la atención un plato de ajos fritos porque están deliciosos y solo son eso, dientes de ajo fritos con guindilla… también me choca mucho este plato de sésamo marinado porque lo sirven sobre una hoja de lechuga y otra hoja que no identifico y es casi como comerse un trozo de árbol. El sabor es un poco a menta, muy curioso.
Nos pedimos unas cervezas japonesas. Están ricas.
Con esto acabamos nuestro primer día en Japón. Tokio me ha parecido la ciudad más urbana que he conocido nunca; aún más urbana que Moscú, Nueva York o Madrid. Se ve que el nivel de vida es muy alto y que los habitantes locales están muy acostumbrados a disfrutar de esta vida rápida y ajetreada. Toda una experiencia.

Pronto más. Un abrazo, J.

Acerca de Jessica J. Lockhart

Humanóloga La vida puede ser muy desgraciada o apasionante. El Coaching en Optimismo®, el coaching de vida, el mentoring, la lingüística... son algunas de las herramientas que me permiten trabajar como en el terreno de la Humanología® y ofrecer a mis clientes caminos que les permiten alcanzar las metas que buscan. Esta página es un punto de encuentro para todos aquellos que hayan perdido su optimismo natural, felicidad y su energía y quieran recuperarlos. Humanologist Life can be a miserable experience or a thrilling one. Optimism Coaching®, Life Coaching, Mentoring, Linguistics... are but a few of the tools that I use in Humanology® to offer my clients new ways to reach their goals. This page is a meeting point for those who've lost their optimism, happiness or energy and want them back!

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