Primera aventura del nuevo año

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Desde el Gurten

Desde el Gurten

Como tenemos unos amigos pasando unas cortas vacaciones con nosotros, hoy, día 1, decidimos subir al monte Gurten de Berna para admirar las vistas y pasear un poco tras los excesos de la cena de Nochevieja. Recordaréis que ya estuve allí una vez con mi hija pequeña. En aquella ocasión subimos en teleférico.

Ese era el plan para hoy, también. Pero como vamos en coche hasta la ciudad en lugar de usar el tranvía, no consigo dar con la estación y acabamos subiendo la colina en nuestros propios coches. A medio camino encontramos la parada intermedia del teleférico y pregunto a quienes me acompañaban si prefieren aparcar allí o seguir hasta la cima. Optan por lo último.

¡No han limpiado la carretera!

¡No han limpiado la carretera!

Lo que ninguno sabíamos es que a mitad de camino las autoridades han decidido que no merece la pena seguir limpiando la carretera y toda la nieve acumulada del último mes se ha congelado formando una gruesa capa de hielo. Mi marido, mi hija mayor, el perro y yo viajamos en nuestro coche, un 4×4 con tracción a las cuatro ruedas. Nuestros amigos, un matrimonio con dos niñas y mi hija pequeña van en el familiar que alquilaron para pasar sus vacaciones.

Subimos la cuesta, giramos en las curvas, avanzamos lentamente y de pronto vemos que nuestros amigos se detienen. Mi marido sigue un poco cuesta arriba. ‘No nos siguen,’ dice mi hija mayor. ‘Para un momento y me acerco a ver qué pasa.’

Sale del coche con intención de caminar hasta el de ellos. Se resbala, apenas consigue mantenerse en pie. El hielo es muy, muy grueso, como el de una pista de patinaje. Con muchas dificultades y cayéndose un par de veces logra llegar hasta ellos. Algo pasa. Vemos que mi amiga y las niñas salen.

Mi marido maniobra y damos media vuelta para acercarnos a ver qué ocurre.

¡Se patina!

¡Se patina!

Me bajo yo también de nuestro coche y me acero al de ellos caminando por el costado del monte a fin de evitar el hielo.

¡Horror! El coche de nuestros amigos se está deslizando lateralmente cuesta abajo. No lo pueden controlar. El movimiento es lento pero constante. Unos metros más abajo hay una curva y detrás un pequeño precipicio de unos diez metros o algo más. Ni siquiera lo consiguen enderezar.

Si mi amigo intenta maniobrar o mover las ruedas en cualquier dirección, el coche patina un poco más rápido. ‘Sal,’ le grita su mujer. Son momentos de mucha tensión. ‘Apartaros del coche, niñas,’ avisamos a las pequeñas. ‘Toma,’ le dice mi amiga a mi hija mayor, ‘intenta colocar esta roca bajo las ruedas a ver si lo paramos.’ Mi hija se arrodilla y poco a poco empuja la piedra hasta ponerla allí pero no sirve de nada. A estas alturas, el coche ya está casi del todo cruzado en el camino.

Algunos suizos que pasan nos hacen gestos. Deben pensar que estamos locos o que somos medio tontos.

Intentando enderezar el coche

Intentando enderezar el coche

Llamo a asistencia en carretera. Me dicen que no lo cubre porque se debe a un fenómeno atmosférico pero que si queremos llamarán a un garaje para que nos ayuden aunque nos cobrarán. ¿Por qué será que los seguros nunca cubren lo que realmente te pasa y siempre hay que pagar aparte?

‘Yo creo que no nos hace falta la asistencia,’ le digo a mi amigo. ‘Me parece que lo podemos sacar nosotros.’ Mi amiga está de acuerdo.

En ese momento la situación se vuelve muchísimo más dramática. Nuestro coche, que mi marido acaba de acercar a unos pocos metros del de nuestros amigos, empieza a patinarse cuesta abajo también, en dirección exacta para provocar un choque entre ambos. ‘No lo puedo parar,’ nos avisa mi marido. Todos nos ponemos en movimiento y empezamos a gritar. ‘¡Aquí, hay que empujar el coche un poco, corred!’ dice nuestro amigo. Y él y mi hija se acercan resbalándose sobre el hielo mientras mi marido, al volante, intenta por todos los medios esquivar el coche alquilado. ”Gira todo a la derecha!’ le grito yo. ‘¡Todo, todo, ahora!’ Le da, le da, le va a dar seguro…

Nuestro amigo y mi hija mayor empujan el 4×4 con todas sus fuerzas. Mi amiga y yo intentamos empujar el familiar en dirección contraria. Mi marido se mete en la falda del monte. Pasa, pasa, ha pasado!!!!! Pero es cuesta abajo. ¡Frena! ¡Échate a un lado que te vas! ¡Para!

¡Buf, ha conseguido parar! Y aunque se han rozado los coches, ha sido tan leve el toque que no ha quedado ni marca en las carrocerías. ¡Buen trabajo!

¡Se va, se va!

¡Se va, se va!

Pero todavía tenemos el problema del coche alquilado. Nuestro amigo le pide a mi marido que intente sacarlo él, que parece tener más experiencia en el hielo. No os he contado que nuestros amigos, aunque residentes en Moscú, son colombianos y claro, no están muy acostumbrados a estas pistas de patinaje en las carreteras. Mi marido tampoco, entendámonos, pero es un as de los videojuegos y de algo le tiene que servir todo lo que practica virtualmente😀

Patinando, patinando y maniobrando con el freno de mano, consigue meterlo en lo que parece una cuneta para que las ruedas agarren un poco. Lo endereza y comienza el peligroso descenso sobre el hielo. Obviamente, no puede pisar el freno y tiene que jugar con la dirección de las ruedas y el freno de mano.

¡¿Otra vez?!

¡¿Otra vez?!

Ahora la situación es la contraria. Cuesta abajo, casi sin control, se dirige hacia el coche que acaba de aparcar unos metros más abajo. ‘¡Cuidado!’

¡Qué rato de infarto! Pero mi marido es, sorpresa, un virtuoso del volante y consigue llegar a la zona limpia de la carretera sin más percances. Aún temblando, vamos llegando los demás caminando entre los árboles, poco a poco.

¡Qué aventura! Descendemos desde la montaña y buscamos el teleférico para volver a ascender. Y allí pasamos un día delicioso.

Pero esa es otra historia.

Hasta pronto, feliz 2014 y un abrazo, J.

Acerca de Jessica J. Lockhart

Humanóloga La vida puede ser muy desgraciada o apasionante. El Coaching en Optimismo®, el coaching de vida, el mentoring, la lingüística... son algunas de las herramientas que me permiten trabajar como en el terreno de la Humanología® y ofrecer a mis clientes caminos que les permiten alcanzar las metas que buscan. Esta página es un punto de encuentro para todos aquellos que hayan perdido su optimismo natural, felicidad y su energía y quieran recuperarlos. Humanologist Life can be a miserable experience or a thrilling one. Optimism Coaching®, Life Coaching, Mentoring, Linguistics... are but a few of the tools that I use in Humanology® to offer my clients new ways to reach their goals. This page is a meeting point for those who've lost their optimism, happiness or energy and want them back!

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