El Conejo Blanco

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Anochece en Moscú

Anochece en Moscú

the White Rabbit

the White Rabbit

No, no nos fuimos de cenita con Playboy, pero así es cómo se llama uno de los restaurantes más conocidos y prestigiosos de Moscú, donde tuve la suerte de cenar con un grupo de amigas esta semana. El restaurante en cuestión está situado en el 16º piso de un edificio que también acoge un centro comercial y para acceder a él se debe primero tomar un ascensor hasta la quinta planta, salir, y tomar otro hasta la última. Un recorrido completo. Una vez se llega a él, todo son cúpulas y ventanales de cristal y unas vistas espectaculares.

El restaurante está plagado de mesas rodeadas de sofás, no de sillas, y tiene dos alturas, con un piso abierto de menor tamaño más cerca de la cúpula principal. Allí estaba ubicada nuestra mesa.

Al sentarnos se nos acercó un camarero que se nos presentó como Max (algo muy extravagante en Rusia, donde al servicio se le suele instruir para no ser ni visto ni oído por los comensales por considerarse una grave falta de protocolo y educación. Supongo que en el restaurante estarán intentando transmitir una imagen más occidental y cosmopolita…)

Cóctel

Cóctel

Comenzamos la cena con unos cócteles recomendados por Max cuyo nombre no recuerdo, aunque sí sus ingredientes: Moët Chandon con sirope de hibisco y zumo de rosas (???) ¡Estaba bueno!

Mojito de frambuesa

Mojito de frambuesa

Nos trajeron la carta. Pedimos entrantes y segundos platos. Tras el cóctel de bienvenida pasamos a los mojitos de frambuesa… ¡Qué delicia!

Pronto, el ambiente en nuestra mesa pasó a ser de lo más festivo, como podréis imaginar. Brindamos por todo y por todas, poniéndonos en pie y alzando nuestras copas con cada brindis. Max alucinaba. Los rusos nos miraban…

Nos trajeron pan y mantequilla.

Tomamos pan con mantequilla mientras bebíamos mojitos o vino tinto.

Max..

Max..

Al cabo de aproximadamente una hora llegó el primer plato. Y Max sazonó con pimienta alguna de las ensaladas. No hace falta que os cuente ninguno de los chistes que hicimos a su costa, ¿verdad? Pobrecito…

Sopa fría de remolacha con helado de mostaza

Sopa fría de remolacha con helado de mostaza

La comida estaba rica.

De pronto una de nuestras amigas se emociona y se pone como loca. “¡Acaba de pasar Craig David, ese era Craig David!” “¿Y quién es Craig David?” preguntamos las más incultas de entre nosotras. “¿No conocéis a Craig David? Es un cantante famosísimo y a mí me apasiona. Tengo que hacerme una foto con él.”

Como no estamos seguras de si es él realmente, otra del grupo sale en avanzadilla a preguntárselo directamente. “Que sí, que es él,” nos informa minutos más tarde.

Nos levantamos las siete y allá que vamos, cámaras en mano, a robarle una foto al artista, como si fuéramos vulgares paparazzi… pero claro, ya íbamos por el segundo mojito o así.

El cantante es muy majo, muy agradable con todas, sobre todo con la que tanto le quería conocer. Pero su representante, también allí sentado, no cesa de darnos instrucciones: “una solo foto por persona y nada de hacerle hablar, que tiene que ahorrar voz. Y rapidito, no le entretengáis…”

Con Craig David

Con Craig David

Nos sacamos una foto cada una. Y su representante diría lo que quisiera pero estaréis conmigo que , viendo los resultados, no parece que el tal David se lo estuviera pasando nada mal, ¿no creéis?

Volvemos a nuestra mesa, a nuestros mojitos y a nuestros brindis. Pasa otra hora. El segundo plato que no llega. Os lo resumo…

…tardamos ¡¡¡¡¡4 HORAS!!!!! en cenar. Sí, CUATRO HORAS. Nada más. El White Rabbit será todo lo fashion que quieran pero tardamos cuatro horas en cenar.

...

No es que nos lo estuviéramos pasando mal, no me malentendáis, pero una cosa no quita la otra, ¿no?

Mientras esperábamos, la que quiso conocer al cantante le empezó a explicar a Max (en un ruso poco mejor que el mío) que una de nosotras estaba muy interesada en conocerle mejor😀😀😀 y le preguntó si estaba soltero y sin compromiso. “Sí, sí,” le respondió él. “En este momento no tengo a nadie.” Y entre copa y copa le íbamos liando un poco más cada vez al pobre Max.

¿Ternera?

¿Ternera?

Y por fin nos traen los segundos platos. Para entonces ya ni recordamos qué hemos pedido…

Seguimos con nuestras risas, nuestros brindis y nuestras fiestas. Por supuesto que mientras tanto desfilan por el restaurante docenas de rusas esqueléticas y etéreas acompañadas de hombres supuestamente adinerados. Es bastante duro ser una persona con un físico normalito y salir a cenar a los sitios chics de Moscú… Aunque ninguna de las modelos esculturales con tacones y escotes imposibles que pasó por nuestro lado se estaba divirtiendo una centésima parte de lo que nos estábamos divirtiendo nosotras. ¡Cuánto tiempo hacía que no me reía tanto y tan seguido!

De cumpleaños

De cumpleaños

Terminamos los segundos platos y a mi amiga la “lianta” se le ocurrió decirle a Max que era el cumpleaños de la que estaba interesada por él. Dicho y hecho, el restaurante preparó un postre especial para la festejada (que obviamente no cumplía nada…) como es costumbre por estos lares.

¡Estos rusos!

¡Estos rusos!

Ya para entonces se nos habían empezado a acercar a la mesa algunos rusos, atraídos por nuestras risas y nuestro buen ambiente. Y uno de ellos no se pudo controlar y tuvo que besar a la festejada (el beso que se suponía que debía haberle dado Max, en su lugar :-))

En fin, lo de siempre, que los rusos acaban viniendo a nosotros cuando salimos de juerga porque nos divertimos bastante más que ellos. Nos pasó en el karaoke y nos pasó en uno de los restaurantes de más prestigio de la ciudad. Algo tendremos, ¿no?

Como epílogo os contaré que Max bajó a despedirse de nosotras y acabó deseándole un muy feliz cumpleaños a nuestra amiga y dándole dos sonoros besos en las mejillas.

Y Max cumplió...

Y Max cumplió…

Fue una noche muy divertida.

Un abrazo y hasta la próxima, J.

Acerca de Jessica J. Lockhart

Humanóloga La vida puede ser muy desgraciada o apasionante. El Coaching en Optimismo®, el coaching de vida, el mentoring, la lingüística... son algunas de las herramientas que me permiten trabajar como en el terreno de la Humanología® y ofrecer a mis clientes caminos que les permiten alcanzar las metas que buscan. Esta página es un punto de encuentro para todos aquellos que hayan perdido su optimismo natural, felicidad y su energía y quieran recuperarlos. Humanologist Life can be a miserable experience or a thrilling one. Optimism Coaching®, Life Coaching, Mentoring, Linguistics... are but a few of the tools that I use in Humanology® to offer my clients new ways to reach their goals. This page is a meeting point for those who've lost their optimism, happiness or energy and want them back!

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