El centro panruso de exposiciones o Exposición agrícola de toda la Unión Soviética

Estándar

¡Menudo nombrecito! Y el caso es que le pega. El parque es tan rimbombante como su nombre. Es un recinto descomunal (ocupa más territorio que Mónaco) y puramente soviético que se construyó con motivo de la Exposición Agrícola Nacional y con el objetivo de conmemorar y celebrar todos los logros, descubrimientos y adelantos empresariales y científicos soviéticos. Todavía hoy permanece en bastante buen estado y sin grandes cambios desde su inauguración, por lo que resulta de lo más interesante de visitar. Y también todavía hoy se sigue utilizando como zona de exposición y muestras para eventos nacionales e internacionales.

Lo que no sé si existía desde el principio es la zona de las ferias o si eso se habrá añadido más adelante…

Todo el conjunto está formado por una multitud de pabellones individuales de gran tamaño, algunos temáticos, como el de Armenia o el de electrónica, pero muchos de ellos reconvertidos en una especie de mercados o pequeños centros comerciales. En ellos he visto de todo: comida, medicamentos, aparatos de diseño, joyas, pieles, ropa, tiendas de accesorios para animales. Cualquiera diría que estamos en un parque…

Todos los pabellones mantienen un diseño y una imagen puramente soviéticos. No puede haber duda acerca de sus orígenes. Y los motivos decorativos de todo el conjunto son tan identificables como su arquitectura. Hoy, miráramos donde miráramos, nuestra vista tropezaba con una hoz y un martillo o con algún campesino u obrero.

Los edificios se alzan a ambos lados de una inmensa avenida. Hay otras estatuas y otros objetos decorativos que os describiré en un momento porque también son dignos de atención. Pero además, a todo lo largo de la vía, hay atracciones varias: pistas de karting, de patinaje sobre hielo o sobre ruedas, kioscos de comida, puestos de té, algún restaurante, un puñado de caballos y burros para que los niños puedan montar…

Me han llamado la atención las farolas, muy ingeniosamente parecidas a espigas de cereal…

Cuando hemos llegado mi hija pequeña y yo, a eso de la hora de comer, el parque estaba bastante lleno de gente. Los había caminando, patinando, comiendo algo, paseando con niños, con perros… está claro que a los moscovitas les encanta salir por sus zonas verdes. Siempre que hemos ido a un parque, fuera en la época del año que fuera, había mucha gente, muchísima más de la que solíamos ver en ninguno de los de España.

Hemos comido en un pequeño restaurante con carpas a los lados que parecía querer mimetizarse con el ambiente reinante por sus decoraciones interiores. Está claro que el restaurante es bastante más moderno que el parque pero que han pretendido mantener el tema del entorno.

Y luego hemos salido a pasear. Había, como os he dicho, de todo, desde las típicas galletas decoradas que son tan habituales en toda la zona este de Europa, hasta manzanas con caramelo, algodón de azúcar, palomitas… Mi hija estaba encantada.

Y a partir de ahí nos hemos dedicado a visitar los diferentes pabellones. El primero en el que hemos entrado era el de Kirguistán. Tendremos que volver otro día porque no solo había alguna tienda del país, sino un restaurante. Hmmmm, sin duda tendremos que ir a probarlo.

Y al salir  no hemos podido menos que acercarnos a admirar la increíble fuente que se ha convertido en uno de los símbolos más conocidos del parque y que lleva el nombre de “Amistad de los Pueblos”. Está formada por quince grandes estatuas doradas que representan a las quince repúblicas que constituían la Unión Soviética y resulta impresionante. La pena es que estaba sin agua porque aquí las desconectan todas durante el invierno para que no se hielen y se puedan reventar sus tuberías. Otro plan que tendrá que esperar al buen tiempo.

Y en la calle había también una especie de mercadillo al aire libre. Al principio creía que sería navideño porque lo encabezaba este nacimiento (sorprendente en este país) pero al acercarnos hemos comprobado que vendían principalmente ropa, calcetines, un montón de setas silvestres y en conserva (también muy típico de los países del este, donde se consumen en todas sus variedades, especies y posibilidades) y algunos dulces y galletas. Una pena. Me habría apetecido más el mercadillo navideño.

Lo que sí había en una de sus esquinas era un pequeño espacio dedicado a la forja con dos herreros, fogata y yunque en mano, intentando enseñar a los niños algo de su profesión.

Había algunos pabellones cerrados y los que hemos visitado a continuación no nos han parecido demasiado emocionantes excepto en sus fachadas aunque también tengo que decir que algunos de los edificios eran construcciones feísimas y sin ningún encanto.

Y al entrar en uno de ellos, ¡oh, sorpresa! un pequeño museo de cera. Ya imaginaba que no iba a ser ninguna maravilla pero como iba con la peque, me he animado a entrar. Todas las figuras que hemos visto se agolpan en tres salas. La mayoría son mediocres pero hay un par que resultan divertidas, como Golum o Dobby, y se parecen a sus originales, y hay otras que son pésimas.

Tengo que hacer una mención especial a este trío de figuras porque me han llamado un montón la atención. No tenían nombre. Dejaré que cada uno de vosotros use su imaginación para bautizarlas. Tan solo mirad las expresiones de los rostros de las tres figuras y a ver qué se os ocurre.

Y esta foto os la pongo solo porque me ha encantado el zapato de este otro muñeco de cera. ¡Tiene una pinta de cómodo!

Entre los personajes que había en el museo estaban Hitler, Stalin, Freddy Mercury, Pedro I el Grande, Robison Crusoe, Shrek… tampoco he conseguido encontrarles  muchos nexos de unión. Está claro que las salas no se dividían por temas ni por periodos históricos. Al final solo era un puñado de muñecos de cera juntos en tres salas.

Así que hemos salido y hemos seguido viendo edificios y visitando pabellones como el que podéis ver en la fotografía de la izquierda. El recinto contaba originalmente con quince pabellones, una vez más en representación de las quince repúblicas, pero hoy hay otros muchos edificios de menor tamaño desperdigados por toda la zona y que también sirven para funciones variadas.

Por el camino nos hemos encontrado otras cuantas sorpresas, como este auténtico cohete espacial a tamaño real e incluso montado sobre su soporte, copia de la nave Vostok en la que viajó Gagarin. Impresionante.

O este avión Tupolev que, según he leído, hoy se utiliza como pequeña galería de arte.

O este engendro de la izquierda, sobre el que mi hija y yo nos hacíamos cábalas. ¿Será una máquina, una escultura? ¿Tendrá una verdadera utilidad? ¿O será una torre eléctrica colocada en mitad del recinto? ¿Un acumulador para poder hacer experimentos tipo Frankenstein…? Como veis, nos ha dado hasta para echar unas pocas risas.🙂

Hacía bastante frío, por lo que intentábamos entrar en los pabellones sin pasar mucho rato al aire libre. No sé cómo pueden aguantarlo los vendedores que se pasan todo el día en la calle, atendiendo a los turistas. Pobrecitos.

Hay algunos edificios con unas fachadas impresionantes y de lo más trabajadas junto a otros que no son más que puras láminas de hormigón o ventanales gigantes unidos por juntas de aluminio.

No me diréis que la hoz y el martillo que hay sobre la puerta de uno de los pabellones (foto de la derecha) no son auténticos. Me encanta la mezcla del símbolo del “repartámoslo todo entre nosotros” con la ostentación típica de este país y que queda reflejada en sus telas, sus dorados, sus decoraciones. En principio parecerían dos conceptos irreconciliables pero, como aquí todo se hacía “por y para el pueblo,” supongo que para ellos no resultaba incongruente.

Aquí podéis ver la entrada completa del edificio en cuestión. Lamentablemente estaba cerrado, así que no os puedo decir qué hay en su interior.

Y otro más, este el del Pabellón de la Cultura, que hoy solo alberga un montón de pequeñas tiendas, sobre todo de joyerías.

Y entre ambos nos hemos llevado otra sorpresa de esas que solo se puedo uno llevar aquí. Hay un edificio nuevo, no muy grande, que acoge un circo permanente.  A los rusos les apasiona el circo. Tan solo en Moscú hay varios circos con sede fija que no viajan de ciudad en ciudad y dan funciones casi todos los días del año. No os los he enseñado nunca porque yo sufro mucho viendo a los animales y prefiero no visitarlos. Pero este no parecía tener animales, así que he comprado un par de entradas y me he metido a verlo con mi hija. Y ha sido toda una experiencia.

Aquí podéis ver una pequeña escultura de un payaso que había en el parquecito junto al circo.

Y a la derecha el edificio del circo como tal.

Es un circo más bien de andar por casa, familiar, no muy grande y con tan solo un puñado de artistas (que incluso se han equivocado un par de veces en sus números.) Pero los clientes estaban contentos y la sala estaba casi llena del todo. Está claro que la gente lo conoce y lo usan como salida de fin de semana. Sirven comidas y bebidas, por lo que el plan consiste en ir a cenar mientras se ve el espectáculo. Y efectivamente, no había animales.

La función ha comenzado con los payasos, que son quienes llevan el peso de todo el espectáculo. Son cinco: el jefecito, su amiga y otros tres.

Ha habido acróbatas, bailarines, malabaristas, varios números cómicos, etc. Ha estado entretenido y mi hija se lo ha pasado bomba. Además, al terminar, nos han invitado a todos los asistentes a una especie de zumo con nata montada🙂

Ha sido una pena que el servicio haya sido pésimo. Han tardado más de una hora en servirnos y aún entonces ha tenido que venir el camarero a volver a preguntarnos qué habíamos pedido. Pero se nos ha acercado la encargada a pedirnos disculpas y nos ha explicado que eran camareros nuevos, así que confío en que la próxima vez también eso esté mejor.

Ha sido un día muy original y diferente. Tendremos que volver con el resto de la familia.

Hasta pronto. Un abrazo, J.

 

Acerca de Jessica J. Lockhart

Humanóloga La vida puede ser muy desgraciada o apasionante. El Coaching en Optimismo®, el coaching de vida, el mentoring, la lingüística... son algunas de las herramientas que me permiten trabajar como en el terreno de la Humanología® y ofrecer a mis clientes caminos que les permiten alcanzar las metas que buscan. Esta página es un punto de encuentro para todos aquellos que hayan perdido su optimismo natural, felicidad y su energía y quieran recuperarlos. Humanologist Life can be a miserable experience or a thrilling one. Optimism Coaching®, Life Coaching, Mentoring, Linguistics... are but a few of the tools that I use in Humanology® to offer my clients new ways to reach their goals. This page is a meeting point for those who've lost their optimism, happiness or energy and want them back!

»

  1. Madre mía, si no te va a quedar palmo de Moscú y alrededores que conocer. ¿Dónde encuentras la información para visitar sitios tan chulos? Me encanta tu forma de ver y de vivir la vida. Gracias por contárnoslo,

    Me gusta

    • Si supieras todo lo que me queda por ver y hacer aquí. Moscú es increíble. Busco la información donde puedo. Hoy, por ejemplo, he estado leyendo acerca de cinco sitios de comida rápida de diferentes nacionalidades: rusa, vietnamita, americana, turca y no sé de dónde más. Tendré que investigar y contároslo, claro🙂

      Me gusta

Deja tu respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s